Lechuza común

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Descripción

Lechuza común (Tyto alba)

La también llamada lechuza de los campanarios o lechuza blanca, es el único representante de la familia Tytonidae en el continente europeo.

Se trata de un ave mediana, que mide de 33 a 35 cm de longitud y con una envergadura alar de 80 a 95 cm. Su peso medio para ejemplares adultos sería de 350 gr. aproximadamente.

Posee un aspecto esbelto, largas patas y voluminosa cabeza, donde destacan el inconfundible rostro en forma de corazón y sus ojos intensamente negros.

En su plumaje predominan los tonos leonados y dorados en el dorso y el blanco puro en las zonas ventrales. Las plumas dorsales y la parte superior de las alas y la cola aparecen finamente vermiculadas por sutiles punteados de color negro, gris y blancuzco, en tanto que las regiones ventrales pueden mostrar un moteado variable. Las hembras y los pollos suelen ser más moteadas que los machos adultos.

Sus  alas son relativamente cortas y redondeadas, destacando sobre el resto de rapaces nocturnas la suavidad de sus plumas, que dotan a la lechuza de un vuelo muy silencioso.

Caza en zonas abiertas y descansa y cría en agujeros amplios, naturales o creados por el hombre, como graneros, desvanes, iglesias,… alimentándose  sobretodo de pequeños roedores. Puede hacer más de una puesta por año, con 4-7 huevos que descansan sobre una capa de egagrópilas, y por esta cantidad de huevos y sus eclosiones progresivas, es frecuente el canibalismo entre hermanos.

Hasta hace no muchos años, esta rapaz era un habitante de todos los núcleos rurales, cortijos y caseríos, e incluso de las ciudades, donde se establecía en las áreas periféricas, en arrabales y camposantos. En las últimas décadas, el estridente grito de esta rapaz nocturna ha dejado de oírse en muchos lugares como consecuencia de su alarmante proceso de desaparición. Las poblaciones de lechuza siempre han estado sujetas a grandes fluctuaciones relacionadas con los ciclos de escasez y abundancia de sus presas habituales, un fenómeno que el ave afrontaba con su notable productividad de pollos en años favorables. Sin embargo, las radicales transformaciones introducidas por el hombre en el ámbito rural —cambios de cultivos, concentraciones parcelarias, etc.—, el empleo masivo de pesticidas y rodenticidas y la pérdida de enclaves de nidificación a consecuencia de obras y remodelaciones están ocasionando su declive. Por añadidura, se trata de una especie que sufre frecuentes atropellos, que causan miles de bajas todos los años, sobre todo entre los jóvenes en dispersión.

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